El 58% de las personas con discapacidad lleva en paro más de un año y el 70% de los contratos que consiguen son temporales. USO exige inclusión laboral real

La afiliación de personas trabajadoras con discapacidad ha aumentado y el desempleo se ha reducido. Sin embargo, la tasa de actividad de las personas con discapacidad continúa estando 43,1 puntos por debajo de la del resto de la población. Es decir, mientras que la tasa de actividad de personas con discapacidad es del 35,4%, esta misma tasa de personas sin discapacidad es del 78,5%. Además, el paro de larga duración de las personas con discapacidad es del 58,09%. Así lo revela el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), en su Informe del Mercado de Trabajo de las Personas con Discapacidad 2026.

También, en este sentido, el Empleo de las Personas con Discapacidad del INE, correspondiente a 2024, indica que había 1.941.500 personas con discapacidad en edad laboral, el 6,13 % de la población en edad de trabajar. El 35,4% de las personas con discapacidad eran activas (687.500 personas); el 28,9% estaban ocupadas (560.400 personas), y el 6,5% se encontraban en situación de desempleo (127.100 personas).

Mercado laboral asimétrico en la empleabilidad de las personas con discapacidad

El mercado laboral español nos demuestra la asimetría en las condiciones de empleabilidad entre las personas con discapacidad y sin ella. Así, mientras que la tasa de actividad de personas con discapacidad se situó en el 35,4%, la de personas sin discapacidad alcanzó el 78,5%. En ese mismo sentido, la tasa de empleo de personas con discapacidad fue del 28,9%, frente al 69,7% del resto de la población. Por otro lado, la tasa de paro se situó en el 18,5 %, frente al 11,2 % de las personas sin discapacidad.

En 2025 había 345.854 personas con discapacidad afiliadas a la Seguridad Social, que representa un 1,60% del total de la afiliación. Este dato nos demuestra la baja representatividad de las personas con discapacidad en el mercado laboral español. Sin embargo, este dato aumentó 2,91% respecto del año anterior. Los datos históricos nos demuestran un incremento sostenido en casi una década, en la que la afiliación del colectivo ha aumentado un 52,58%.

Discapacidad, una barrera permanente

Los datos que hasta aquí hemos analizado confirman que la discapacidad sigue siendo una barrera permanente y persistente en el mercado laboral español. Si bien es cierto, los datos presentan una mejoría, las brechas en la empleabilidad y la calidad del empleo de las personas con discapacidad sigue siendo una asignatura pendiente.

Por tanto, no podemos hablar de verdadera inclusión laboral cuando una persona con discapacidad tiene muchas menos posibilidades de participar en el mercado de trabajo. Y, cuando consigue hacerlo, tiene más probabilidades de encontrarse con empleos temporales, parciales, concentrados en determinadas ocupaciones y con salarios más bajos.

“La discapacidad no debe ser una condena a la precariedad. El reto no es únicamente que las personas con discapacidad tengan un empleo, sino garantizar que puedan acceder a empleos estables, dignos, cualificados y con derechos, en igualdad de condiciones. Por ello, exigimos que la inclusión laboral deje de entenderse solo en cuanto al número de contratos, sino que se analice también en calidad del empleo, igualdad de oportunidades y condiciones de trabajo”, reflexiona Marisa Madrid, secretaria de Comunicación e Igualdad de USO.

Más afiliación, pero persisten las desigualdades

Aunque aumenta la afiliación, los hombres representan el 57,60% de las personas con discapacidad afiliadas, frente al 42,40 % de mujeres. Supone una brecha de género de 15,19 puntos. El empleo se concentra además en el sector servicios, que reúne 290.125 afiliaciones y el 82,88% de los contratos registrados en 2025.

Aunado a ello, la contratación de las personas con discapacidad se concentra en el Régimen General de la Seguridad Social, en el que se concentra el 92,24% del total, frente a un 7,67% en el régimen de trabajo autónomo.

La contratación creció un 1,52%, hasta los 275.890 contratos, pero mantiene una elevada precariedad: el 69,95% fueron temporales y solo el 30,05%, indefinidos. Además, el 35,39% fueron a tiempo parcial, con mayor presencia de mujeres.

Otro aspecto que tenemos que destacar, es que la contratación de personas con discapacidad se concentra en niveles formativos bajos: el 67,27% correspondió a personas con ESO o estudios inferiores; el 27,08% de las contrataciones de personas con Bachillerato o Formación Profesional y solo el 5,65%, de personas universitarias. Esta situación se refleja en el tipo de ocupaciones, ya que la mayor concentración se da en ocupaciones elementales y de servicios, las mismas que concentran alrededor del 50% de las solicitudes de empleo. Son cinco las ocupaciones (principalmente limpieza, peones, hostelería y conserjería) las que reúnen el 30,56% del total de la contratación de personas con discapacidad.

Aunque el desempleo descendió un 3,10%, hasta las 131.219 personas, el 58,09% se encuentra en paro de larga duración y el 43,93% lleva más de 24 meses desempleado. Las mujeres representan el 56,50% del paro de larga duración y las personas mayores de 45 años, el 63,72% del paro registrado.

Desde USO creemos que la inclusión laboral de las personas con discapacidad no puede limitarse a aumentar las cifras de afiliación o contratación. El objetivo debe ser garantizar un mercado de trabajo verdaderamente inclusivo. Porque la discapacidad no puede determinar las oportunidades, el salario, el tipo de contrato o la ocupación a la que puede acceder una persona.

Y para ello exigimos políticas de empleo integrales, con perspectiva de género y derechos humanos que incorporen un enfoque inclusivo centrado en la dignidad de las personas con discapacidad y la posibilidad real de realizar un proyecto de vida. Incorporar a una persona con discapacidad al mercado laboral no es suficiente necesitamos derechos laborales garantizados y empleo de calidad.